viernes, 25 de mayo de 2012

MILF'S



(I)

-Mmm… noventa, noventa y cinco, noventa, ¿ochenta y cinco?, noventa, si, sin ninguna duda gasta una noventa.

Allí Roberto miraba pasar a las mujeres que iban al mercado. Mientras las veía pasar jugaba  su juego favorito, adivinar la talla de pecho de las mujeres

            Roberto era un chaval flacucho y algo feo, de unos diecisiete años, en plena efervescencia hormonal. Se masturbaba una media de ocho veces al día. Motivo por lo que olía casi siempre a semen. Estaba obsesionado con el sexo, pues aún era virgen. Se masturbaba con cualquier cosa, lo último las bragas de su tía. Le producía mucha excitación eyacular en ropa interior femenina. Le daba igual de quien fuera, el caso que tenían que ser unas braguitas, pero si eran las de su tía mejor que mejor. Que gorda le ponía la poya su tía. Se trataba de una mujer voluptuosa, que acababa de cumplir los cuarenta, pelo negro en media melena, ojos verdes, y gastaba una ciento diez, lo que hacía que Roberto tuviera aquellos sueños tan húmedos con su tía.

-¡Joder quiero palpar esa noventa!

Solo de pensarlo Roberto notaba como algo crecía en sus pantalones.

-Me la pone bien gorda…

Se giró hacia el interior de la habitación en búsqueda del rollo de papel higiénico, que tenía siempre a mano. Se saco la poya y empezó a masturbarse. Al cabo de un rato, cuando terminó y estaba manchado de semen, oyó como se abría la puerta principal.

-¡Mierda! Ha vuelto muy deprisa.

Se trataba de su tía. Roberto llevaba un par de semanas con su tía, le había mandado su madre para que estuviera en la ciudad un par de meses. Se limpió lo más rápido que pudo y salió de la habitación de su tía hacia el servicio.

-Roberto, cariño ¿dónde estás?

Que gorda se la ponía.

-En… en… en el servicio, aho… ahora… salgo.

-Que chico más tímido.

Roberto tenía el corazón a cien por hora. Casi le había pillado su tía masturbándose. Intentó tranquilizarse pero no pudo, la voz d su tía se lo impidió.

-¿Roberto has abierto tú la ventana de mi habitación?

Se le paró el corazón. ¡Se había olvidado de las bragas de su tía manchadas de su semen en la habitación! No podía ser, lo iba a ver. Intentó escuchar algo, pero fue en vano. La puerta del servicio empezó a abrirse lentamente.

-Mierda, mierda… - pensó.

Cuando la puerta del servicio se abrió, apareció su tía en ropa interior de encaje, sujetando las bragas manchadas de semen con la mano derecha, y la mano izquierda apoyada en la cadera de forma algo sensual

-Con que quieres jugar sucio… bien, juguemos.

Su tía avanzó hacia el cerrando la puerta del servicio con los pies. A Roberto la poya se le hinchó como jamás antes se le había hinchado.

(II)

            Macarena era una mujer voluptuosa, de ojos verdes, pelo negro a media melena, y acababa de cumplir los cuarenta. Y pese a que no le gustara admitirlo le gustaban jovencitos, en especial su sobrino Roberto.

            Su sobrino Roberto, era un chico de unos diecisiete años, delgaducho, algo feo, y del pueblo de sus padres. Precisamente el sencillo hecho de que era su sobrino y estaba muy mal visto, la provocaba mucho más morbo. Pero solo se atrevía a pensarlo, jamás sería capaz de algo así, además su sobrino era un chico de pueblo, aún virgen, el olor a semen que en ocasiones desprendía le delataba. Virgen.

-Seré idiota.

El simple hecho de pensar en ello había provocado que mojara las bragas. Que idiota era, hasta tenía los pezones erizados.

Llegó al portal. Abrió la puerta y subió al rellano. Esperando al ascensor los pensamientos nuevamente la inundaron la cabeza. Se estaba acordando de hace un par de días que estuvo espiando a su sobrino mientras este se duchaba. ¡Santo Dios, que poya más grande tenía! Se acordaba perfectamente pues al día siguiente se había despertado con las bragas empapadas de los sueños tan perversos que había tenido con su sobrino.

Llegó el ascensor y eso la devolvió a la realidad. Entró y pulso el botón. Abrió y salió al rellano, y desde este se dirigió a su casa. Se paró delante de la puerta.

-¿Llamó? – Se preguntó. - ¡Tonterías! Si yo vivo aquí. ¿Y si le pillo in fraganti masturbándose?

            Apretó fuertemente los muslos al pensarlo. Abrió la puerta muy despacio. No escuchaba ningún sonido. Miró en la cocina, en el salón. Llegó a la puerta de la habitación de invitados, con el aliento en la boca, empujó la puerta muy despacio. Nerviosa abrió la puerta del todo, pero Roberto allí no estaba.

            -Roberto, cario ¿dónde estás?

La ponía muy cachonda llamarlo “cariño”. Entreabrió muy despacio la puerta de su habitación.

            -En… en… en el servicio, aho… ahora… salgo.

            -Que chicho más tímido.

Lo iba a pillar in fraganti en el baño, no se lo creía. De repente se fijo que la ventana estaba abierta, ella la había dejado cerrada.

            -No puede ser. -dijo para sí misma.

            Entonces fue cuando encontró sus bragas manchadas del semen de su sobrino.

            -Bingo. –los pezones se le erizaron.

            -¿Roberto has abierto tú la ventana de mi habitación?

            Acababa de atrapar a un pequeño corderito, el silencio de su sobrino se lo confirmaba. Se desvistió dejando únicamente su ropa interior de encaje. Cogió las bragas con la mano derecha, y avanzó en silencio hacia el baño, como una gata con mucha hambre.

            Abrió la puerta sujetando las bragas con la mano derecha, y la mano izquierda apoyada en la cadera de forma algo sensual. Intentó poner su voz más dulce y tierna.

            -Con que quieres jugar sucio… bien, juguemos.

            Avanzó hacia él cerrando la puerta con los pies. Entonces se fijo como se le había puesto la poya de gorda. Se lamió los labios.


1 comentario:

Anónimo dijo...

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