Evoco el recuerdo a la ciudad dorada
donde ancianos andan plácidamente
donde estudiantes pasan fugazmente
por tus calles, Salamanca.
En sus noches he sido embajador en Sodoma y Gomorra,
navegante en grandes mares de alcohol,
trapecista en la cuerda floja
arqueólogo en la búsqueda del amor,
lobo aullando a la Luna,
el demente que perdió la razón,
no siendo dos almas, sino una a una,
queriendo compartir el mismo corazón.
Así evoco el recuerdo a la ciudad dorada
a orillas del río Tormes,
recuerdo tus caricias en Salamanca,
la cual me grabo tu nombre.