En un espacio de ni setenta metros cuadrados, allí no pasaba el tiempo, en un espacio infinito recorriendo el gotele de las paredes con los ojos, allí sentado en el suelo con las piernas cruzadas y los brazos en la nuca, allí sentado al mismo tiempo que no estaba.
Se preguntaba por todo y por nada, por el espacio y el tiempo. Se levanto al mismo tiempo que se colocaba el calzoncillo. Fue hacia la nevera cuando se tropezó con un tanga de esa diosa que le abrió la puerta del mas oscuro placer. Ella le provocaba de manera consciente y él intentaba evadirla pues no quería caer en sus redes, ya que Cupido anteriormente no le había ayudado mucho. Pero no podía evitarla. Todas las noches recorría en su imaginación sus curvas, cada una de las texturas de su cuerpo. Se la imaginaba desnuda como una diosa hija del propio Zeus. Así en un pensamiento y sueño despierto se evadía de la cruda realidad, ella nunca le pertenecería, y el lo sabía. Se daba de bruces contra el suelo cuando despertaba, cuando en un recuerdo el era el embajador de sodoma y gomorra.
Dedicado a un buen amigo por una semana de risas y excesos.
jueves, 15 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
Ausencias
Moviendo el café de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, así un sin fin de veces. En el cenicero mi cigarro se consumía, al igual que el tiempo en mi espera. Cruzaba las piernas de derecha a izquierda de izquierda a derecha, ¡demonios! Pensé, ya no sabía como sentarme. Me parece que fue cuando esta totalmente decidido a comenzar a contar el gotele, cuando la vislumbre por la ventana.
La puerta se abrió dejando paso a unos tacones de vértigo, seguidos de unas medias que como hiedra iban trepando por unas esbeltas piernas, que a continuación dejaban una falda corta a medio muslo provocando a la imaginación con las curvas que guardaban, sobre el torso una rebeca roja sobre una camisa blanca abierta hasta medio pecho, que te decía entre líneas “entra y registra”, y sobre la rebeca caía por el lado derecho una coleta de un pelo negro azabache recogido.
Fue en el momento de llegar a sus ojos, cuando noté que el corazón hacia tiempo que me había dejado de latir, algo parecido a la brisa marina recorrió mi espalda hasta la coronilla cuando esos ojos se fijaron en mí, pues al mismo tiempo el semáforo dio luz verde a una sonrisa que acabo por arrancarme el corazón. Allí me encontraba yo, con la mismísima Afrodita ante mi, y yo sin nada que decir, sin nada expresar, ni un misero latido.
La puerta se abrió dejando paso a unos tacones de vértigo, seguidos de unas medias que como hiedra iban trepando por unas esbeltas piernas, que a continuación dejaban una falda corta a medio muslo provocando a la imaginación con las curvas que guardaban, sobre el torso una rebeca roja sobre una camisa blanca abierta hasta medio pecho, que te decía entre líneas “entra y registra”, y sobre la rebeca caía por el lado derecho una coleta de un pelo negro azabache recogido.
Fue en el momento de llegar a sus ojos, cuando noté que el corazón hacia tiempo que me había dejado de latir, algo parecido a la brisa marina recorrió mi espalda hasta la coronilla cuando esos ojos se fijaron en mí, pues al mismo tiempo el semáforo dio luz verde a una sonrisa que acabo por arrancarme el corazón. Allí me encontraba yo, con la mismísima Afrodita ante mi, y yo sin nada que decir, sin nada expresar, ni un misero latido.
viernes, 12 de marzo de 2010
De regreso
Tiempo he pasado
siendo un náufrago
entre mares de sudor
tinta, lágrimas y alcohol,
a la deriva
en búsqueda de un puerto
donde junto a cualquiera
poder olvidarme de ti
he estado así
observando mi reloj de arena
aquel que robe
cuando atraque cerca de tu corazón,
los bucaneros y corsarios
no son nada, solo eso,
quiero volver a ser el capitán
el mismo que hiciste preso,
el pirata altivo que nunca calla
el corsario pensativo que nunca habla
el bucanero que aborda tu cama.
siendo un náufrago
entre mares de sudor
tinta, lágrimas y alcohol,
a la deriva
en búsqueda de un puerto
donde junto a cualquiera
poder olvidarme de ti
he estado así
observando mi reloj de arena
aquel que robe
cuando atraque cerca de tu corazón,
los bucaneros y corsarios
no son nada, solo eso,
quiero volver a ser el capitán
el mismo que hiciste preso,
el pirata altivo que nunca calla
el corsario pensativo que nunca habla
el bucanero que aborda tu cama.
sábado, 9 de enero de 2010
El Retorno
He regresado a esta urbe amarillenta
que enamora con la luz de la noche,
la cual sin ningún reproche
mi cuerpo por sus calles alienta,
situada en la tierra de la raya
ciudad más bien conocida,
por su población universitaria
población que jamás la olvida,
por la noche encontraras algunos torpes
los cuales van a trancas y barrancas,
ciudad rodeada por el Tormes,
en efecto el retorno a Salamanca
que enamora con la luz de la noche,
la cual sin ningún reproche
mi cuerpo por sus calles alienta,
situada en la tierra de la raya
ciudad más bien conocida,
por su población universitaria
población que jamás la olvida,
por la noche encontraras algunos torpes
los cuales van a trancas y barrancas,
ciudad rodeada por el Tormes,
en efecto el retorno a Salamanca
martes, 5 de enero de 2010
Primeros contactos (parte II)
Bajé del autobús. Ya había anochecido. Pensé, joder mañana otra vez lunes, vuelta a la rutina. Cogí mi maleta y subí en un taxi. ¿A donde va?. Déjeme en el veinticuatro horas de la Gran Vía. En es momento me dí cuenta de una cosa. Mucho avance informático, mucho avance en telefonía móvil, energías renovables, pero ¿que cojones pasaba con la radio de los taxis? Nunca he sido capaz de entender lo que dicen. Llegue a mi destino. Son cinco euros con setenta señor. Metí mis manos en mis bolsillos en búsqueda de un maltrecho y arrugado billete de diez, que tenía en alguna parte. Le pague, me saco la maleta del maletero y se largo en la profundidad de la noche. Fue cuando me di cuenta que en toda la Gran Vía había un apagón, dando un aspecto lúgubre a la avenida. Cruce con el semáforo sin funcionar. Me dirigí a mi piso cerca de la plaza San Justo. Al llegar a mi portal vi que algún borracho había vomitado en él. No le di mucha importancia, pues siempre había algún vómito o alguna meada de algún sujeta muros. Subí las escaleras, pues vivía en un primero y abrí la puerta.
Todo estaba a oscuras. Mi compañero de piso no daba señales de vida. Fue justamente cuando iba a preguntar si había alguien en casa, tropecé con algo en el salón y caí de bruces al suelo. Con un dolor punzante en la cabeza del golpe, palpe el suelo y encontré el escollo que había en mi camino. Se trataba de mi compañero de piso borracho tirado en el salón. Por el hedor que desprendía su boca supuse que el vómito del porta era de él. Me incorpore, lleve mi maleta hasta mi cuarto, y volví al salón. Con mi pie derecho empecé a zarandearlo. He despierta, ¿sigues vivo?. Un sonido ininteligible salió desde su garganta. Intente moverlo con un brazo pero parecía un trabajo digno del rey Arturo. Use los dos brazos cargándolo sobre mi espalda. Si que pesas mamón. Lo lleve hasta su habitación y lo tumbé sobre la cama. Mañana ya me cuentas que cubo de fregar te bebiste. Cogí el teléfono y me puse a leer los mensajes del contestador. “Usted tiene dos mensajes nuevos”. “Primer mensaje recibido hoy a las uno, cuatro, uno, cinco”. “Duración del mensaje seis segundos”. ”Hey tío, ¿donde te has metido este fin de semana? Llamame cuando llegues”. “ Segundo mensaje recibido hoy a las uno, seis, tres, cero”. “Duración del mensaje diez segundos”. “Hola soy Gimena, ¿sigue el plan de mañana?... espero que no te olvides de mi..., un beso, mañana nos vemos”. ¡Hostias!, se me había olvidado que había quedado con Gimena. Cogí un yogurt de la nevera y me fui a dormir.
A la mañana siguiente me desperté con bastante hambre, pero no tenía gran cosa en casa. Me duche, me vestí y baje al bar de abajo. Buenos días un solo doble y dos donuts. Tras desayunar pague al camarero. Perdona, ¿me enciende la máquina de tabaco?. Compré un paquete de Ducados, y salí a la gélida mañana salmantina. Hacía un poco de viento y me dí un par de vueltas más a la bufanda, “La Kilométrica” como la llamaba yo. Fui al estanco de la calle Prior, al que siempre iba. Buenas, tabaco de pipa por favor. ¿Cual quiere?. El de siempre. Al salir del estanco mire mi reloj de bolsillo. Mierda voy a llegar tarde. Me dirigí a la parada de autobús en la que habíamos quedado. Giré la esquina y allí estaba ella sentada moviéndose las puntas del pelo con cara de distraída. Retrocedí sobre mis pasos, me encontraba algo nervioso, para calmarme cargue la pipa y empece a fumar dando grandes caladas, Una vez que relaje un poco, volví a girar la esquina. Esta vez ella me vió. Para controlarme decidí andar con calma. Cada paso que daba retumbaba en mi interior. Había estado soñando con esa imagen durante meses, con esos ojos ahora reales que me delvovían la mirada. Me moría por recorrer cada una de sus curvas con mis manos. Cuando estaba lo suficientemente cerca ella se levantó. ¡Hola!. ¡Hola! Nos dimos dos besos de saludo, pero al cambiar de mejilla y rozar la comisura de sus labios, no pude contenerme. La cogí en un abrazo sin fin al mismo tiempo que la besaba.
Todo estaba a oscuras. Mi compañero de piso no daba señales de vida. Fue justamente cuando iba a preguntar si había alguien en casa, tropecé con algo en el salón y caí de bruces al suelo. Con un dolor punzante en la cabeza del golpe, palpe el suelo y encontré el escollo que había en mi camino. Se trataba de mi compañero de piso borracho tirado en el salón. Por el hedor que desprendía su boca supuse que el vómito del porta era de él. Me incorpore, lleve mi maleta hasta mi cuarto, y volví al salón. Con mi pie derecho empecé a zarandearlo. He despierta, ¿sigues vivo?. Un sonido ininteligible salió desde su garganta. Intente moverlo con un brazo pero parecía un trabajo digno del rey Arturo. Use los dos brazos cargándolo sobre mi espalda. Si que pesas mamón. Lo lleve hasta su habitación y lo tumbé sobre la cama. Mañana ya me cuentas que cubo de fregar te bebiste. Cogí el teléfono y me puse a leer los mensajes del contestador. “Usted tiene dos mensajes nuevos”. “Primer mensaje recibido hoy a las uno, cuatro, uno, cinco”. “Duración del mensaje seis segundos”. ”Hey tío, ¿donde te has metido este fin de semana? Llamame cuando llegues”. “ Segundo mensaje recibido hoy a las uno, seis, tres, cero”. “Duración del mensaje diez segundos”. “Hola soy Gimena, ¿sigue el plan de mañana?... espero que no te olvides de mi..., un beso, mañana nos vemos”. ¡Hostias!, se me había olvidado que había quedado con Gimena. Cogí un yogurt de la nevera y me fui a dormir.
A la mañana siguiente me desperté con bastante hambre, pero no tenía gran cosa en casa. Me duche, me vestí y baje al bar de abajo. Buenos días un solo doble y dos donuts. Tras desayunar pague al camarero. Perdona, ¿me enciende la máquina de tabaco?. Compré un paquete de Ducados, y salí a la gélida mañana salmantina. Hacía un poco de viento y me dí un par de vueltas más a la bufanda, “La Kilométrica” como la llamaba yo. Fui al estanco de la calle Prior, al que siempre iba. Buenas, tabaco de pipa por favor. ¿Cual quiere?. El de siempre. Al salir del estanco mire mi reloj de bolsillo. Mierda voy a llegar tarde. Me dirigí a la parada de autobús en la que habíamos quedado. Giré la esquina y allí estaba ella sentada moviéndose las puntas del pelo con cara de distraída. Retrocedí sobre mis pasos, me encontraba algo nervioso, para calmarme cargue la pipa y empece a fumar dando grandes caladas, Una vez que relaje un poco, volví a girar la esquina. Esta vez ella me vió. Para controlarme decidí andar con calma. Cada paso que daba retumbaba en mi interior. Había estado soñando con esa imagen durante meses, con esos ojos ahora reales que me delvovían la mirada. Me moría por recorrer cada una de sus curvas con mis manos. Cuando estaba lo suficientemente cerca ella se levantó. ¡Hola!. ¡Hola! Nos dimos dos besos de saludo, pero al cambiar de mejilla y rozar la comisura de sus labios, no pude contenerme. La cogí en un abrazo sin fin al mismo tiempo que la besaba.
viernes, 1 de enero de 2010
Primeros contactos (parte I)
Tanta prisa para nada. Pensaba mientras esperaba sentada en la marquesina. Gimena era una mujer joven de unos veintitrés años. Pelo moreno, un poco corto, una tez tersa y fina. Poseía un cuerpo bien armonizado, por mascarón de proa un ostentoso escote. Allí se encontraba moviéndose las puntas del pelo para distraerse de su retraso. Hacer esperar a una mujer no era digno de un caballero pensaba. En ese momento su figura apareció a la otra parte de la calle. Se iba acercando lentamente. Tenerlo tan cerca la ponía nerviosa y la excitaba al mismo tiempo. No se lo podía creer, al final lo iba a conocer. Iban ya varios meses desde que conoció su blog y lo empezó a buscar por las redes sociales de Internet. Le costo mucho conseguir su dirección de correo, y al final lo consiguió, quedar con él para conocerlo.
Estaba cada vez más cerca. El sonido de sus pisadas se hacia cada vez más y más fuerte. Le entro un tembleque en las piernas de la emoción, pudo disimularlo al estar sentada. Su figura cobraba cada vez más definición. Iba ataviado con abrigo largo, bufanda y bombin. Estaba fumando en su pipa mientras andaba. Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca como para levantarse, vio que llevaba barba tal y como le había dicho, y su pelo algo más largo de lo común.
¡Hola1. ¡Hola!. Se dieron dos besos. Al cruzarse sus respectivos labios, no pudieron aguantarlo más, era demasiado tiempo persiguiendo ese sueño. Se besaron al mismo tiempo que un abrazo paraba el tiempo.
Estaba cada vez más cerca. El sonido de sus pisadas se hacia cada vez más y más fuerte. Le entro un tembleque en las piernas de la emoción, pudo disimularlo al estar sentada. Su figura cobraba cada vez más definición. Iba ataviado con abrigo largo, bufanda y bombin. Estaba fumando en su pipa mientras andaba. Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca como para levantarse, vio que llevaba barba tal y como le había dicho, y su pelo algo más largo de lo común.
¡Hola1. ¡Hola!. Se dieron dos besos. Al cruzarse sus respectivos labios, no pudieron aguantarlo más, era demasiado tiempo persiguiendo ese sueño. Se besaron al mismo tiempo que un abrazo paraba el tiempo.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Con gafas al horizonte
Se ve, una puta mierda se ve,
como gato por la noche
y con gafas de oscuro mirar,
no llevas luces en el coche
todo está negro la verdad,
se ve, una puta mierda se ve,
como vendaje en el rostro
corazón que no siente,
unas marcas mostró
de chocar con algo inerte,
se ve, una puta mierda se ve,
como la niebla matutina
que se puede cortar con cuchilla,
así la oscuridad se aglutina
entorno a la farola para asfixiar a la bombilla,
se ve, una puta mierda se ve
la verdad mucho a mi pesar
cuando nada se puede vislumbrar,
el móvil el camino no puede alumbrar
en definitiva así no se puede andar
se ve, una puta mierda se ve.
PD: se la dedico a Jorge y Lorena por su inspiración nocturna, jaja.
como gato por la noche
y con gafas de oscuro mirar,
no llevas luces en el coche
todo está negro la verdad,
se ve, una puta mierda se ve,
como vendaje en el rostro
corazón que no siente,
unas marcas mostró
de chocar con algo inerte,
se ve, una puta mierda se ve,
como la niebla matutina
que se puede cortar con cuchilla,
así la oscuridad se aglutina
entorno a la farola para asfixiar a la bombilla,
se ve, una puta mierda se ve
la verdad mucho a mi pesar
cuando nada se puede vislumbrar,
el móvil el camino no puede alumbrar
en definitiva así no se puede andar
se ve, una puta mierda se ve.
PD: se la dedico a Jorge y Lorena por su inspiración nocturna, jaja.
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